lunes, 5 de octubre de 2015

ACRECENTAR LA CONCIENCIA

ACRECENTAR LA CONCIENCIA
Por: Maurice Nicoll

En las recientes disertaciones hemos hecho algunos comentarios sobre la enseñanza fundamental del trabajo relativa a la necesidad de acrecentar la conciencia.

No somos aun propiamente conscientes.

Hablamos y nos comportamos, pensamos, sentimos y juzgamos suponiendo que no solo nosotros sino los otros son seres plenamente conscientes.

PARA FORMAR UN INSTRUMENTO EN LA MENTE

Al reunir las diferentes partes del trabajo para formar un instrumento en la mente listo para recibir las vibraciones más sutiles que llegan continuamente de los dos centros superiores presentes en el hombre, la idea DE NO SER PROPIAMENTE CONSCIENTE es una de las principales partes que soportan EL ARMAZÓN DE ESE INSTRUMENTO.

En otras palabras, hay que comprender cada vez más mediante la experiencia que no se es verdaderamente consciente y que las otras personas tampoco lo son.

Esto produce en nosotros un considerable cambio.

Pero a menos de llegar a ser una verdad experimentada no puede ocupar el lugar necesario en dicho instrumento.

Permanecerá meramente sin uso alguno en la memoria.

La verdad de cada parte de la enseñanza debe ser experimentada antes que pueda ocupar su lugar en la construcción de ese instrumento que está en el mundo interior de uno mismo.

Afortunadamente, las ideas de esta enseñanza son mutuamente afines, y una vez que las barreras preliminares subyacentes de la negación han cedido y se han vuelto a formar en un nivel más profundo, tienden a ajustarse de la mejor manera posible en el pequeño lugar que quedó vacante y que les pertenece.

Al parecer este es un largo proceso según esta lenta norma temporal para la cual un día representa toda una vida, y un corto proceso según otra norma para la cual toda una vida parece un día.

Ahora bien, hay tres direcciones en las cuales un acrecentamiento de conciencia puede lograrse por medio de esfuerzos realizados sin tensión ni prisa.

La primera conduce a un acrecentamiento de conciencia en uno mismo; la segunda, a un acrecentamiento de conciencia de los otros; la tercera, a un acrecentamiento de conciencia de la vida.

En comentarios recientes, hemos hablado sobre todo acerca de un acrecentamiento de conciencia de si mismo, mediante el cual se logra imperceptiblemente otro sentido de si mismo, con gran alivio — porque nadie puede lograr la paz interior y escapar de la incesante agitación nerviosa mientras el sentimiento de sí mismo siga siendo lo que es—.

Ahora bien, el acrecentamiento de conciencia de sí significa que hay más espacio en el mundo interior de uno mismo.

Pero este ensanchamiento, esta expansión de la conciencia, solo puede tener lugar a expensas del sentimiento habitual de uno mismo, el cual está conectado con la personalidad: y este sentimiento habitual de uno mismo luchará para retener su poder, del mismo modo que un tirano lucha para retener su poder.

Lo desdichado es que no se lo ve de esta manera.

Pensamos que yo mismo es Yo y hasta decimos "yo mismo", así nos aferramos a la fuente de nuestras incomodidades y penas y resentimiento que nos separan de “ello”.

Si, hasta nos aferramos a toda la amargura, cólera y odio en nosotros mismos, sin llegar a ser nunca suficientemente conscientes como para ver que hemos de trabajar sobre nosotros mismos, mientras estemos "en cambio"; o también, ya sea en la recurrencia o en cualquier otra cosa que sobrevenga después de la vida, las cosas serán peores.

Ahora bien, el acrecentamiento de conciencia de si es, según creo, la única forma de trabajar sobre si que pueda librarnos eventualmente de esa amargura, cólera u odio —y de muchas otras cosas—.

¿Por qué? Porque cambiará el sentimiento de uno mismo.

Pero ¿por qué ha de librarnos de la amargura, cólera u odio?

Porque lo que los causa y los mantiene vivos es exactamente el sentimiento que se tiene al presente de uno mismo.

En el último comentario nos hemos referido a un método de acrecentar la conciencia de si que estriba en tratar de ver la clase de persona que se fue en diferentes períodos del pasado, y así a todo lo largo de nuestra vida, en lugar de recordar meramente distantes escenas o personas.

Hablamos de utilizar la presente observación de si como un atisbadero en el pasado, lo cuál a veces nos lleva a descubrir que se ha sido siempre igual a lo que se acaba de observar.

Esto produce una gran profundidad de auto-observación.

No es necesariamente deprimente como algunos suelen pensar.

Diría más bien que es una experiencia liberadora.

Todo aquello que se hace consciente produce una sensación de libertad.

Es en realidad liberar una parte de la tiranía de si mismo.

Al parecer es una paradoja decir que llegar a ser consciente de un rasgo desagradable que obró a todo lo largo de nuestra vida, y que antes se ignoraba, produce una sensación de liberación; pero la razón de ello la pueden encontrar ustedes mismos.

Y, claro está, nos topamos aquí con aquellos tediosos auto hipnotizados y estúpidos que afirman conocerse a si mismos de pies a cabeza.

Dejémoslos con sus queridas ilusiones y con los pesados olores de sus mentes faltas de aire.

Ahora bien, el otro método que hemos mencionado es el de llegar a ser conscientes en lo opuesto.

Somos unilaterales.

Admitimos en la conciencia un lado de las cosas y no el opuesto.

La unilateralidad nos hace, por ejemplo, hiper-sensitivos, fácilmente trastornados, de reacciones demasiado rápidas, y así sucesivamente; o produce lo inverso —demasiado insensibles, demasiado complacientes, demasiado indiferentes, etc.—.

Nuestras opiniones y hábitos de mente y sentimientos inculcados son parciales.

Como se dijo, ver sinceramente el lado opuesto, exige y constituye una expansión de la conciencia.

Pero tal expansión causa asombro u horror a la mente fija.

¿No se dan cuenta qué significa perder el acostumbrado sentimiento de si mismo?

Es como sentir que a uno le falta el suelo bajo los pies, ¿no es cierto?

Si, es eso, y es excelente.

Ya uno no se entrega más a ataques de rabia ni es tampoco tan fanático ni falto de sentido del humor, ni se repiten las mismas cosas todos los días; y usted, señora, se beneficiará grandemente.

Un ensanchamiento de la conciencia sería una bendición para todos nosotros.

Se lo puede lograr —a condición de ver inteligentemente lo que lo impide—.

Ahora bien, ¿que hacemos con los otros lados —los lados opuestos— que nuestra conciencia no abarca?

Los vemos en las otras personas.

No los vemos en nosotros mismos, pero los proyectamos a los otros.

Las otras personas son culpables, las otras personas son mezquinas, las otras personas son intolerables, las otras personas tienen mentes desagradables, las otras personas son injustas, las otras personas tienen un carácter imposible —pero nosotros no—.

El resultado de la no aceptación hace que el mundo sea de lo mas extraño.

Tan solo viviendo en ese mundo se ve cuán extraño es.

Pero preferimos vivir en la imaginación y en los diversos infiernos que esta crea.

Ahora bien, en el lugar donde más nos identificamos, allí está obrando la proyección: y donde la proyección está obrando, allí también está obrando una conciencia unilateral y nadie puede llegar a convertirse en hombre equilibrado si sigue siendo unilateral.

La tabla de los siete diagramas del hombre muestra claramente que en el movimiento hacia la conciencia hay que lograr el estado de hombre equilibrado —esto es, el hombre no 4—.

Vemos que para lograrlo es, ante todo, necesaria una conciencia de si muy acrecentada.

Una manera de lograrlo, y es la más importante, es ser cada vez más consciente de y en los opuestos en uno mismo, para que eventualmente nada se proyecte hacia los otros.

Así se libera uno de la amargura, la ira, el recelo, el odio, y muchas otras cosas que caracterizan el acostumbrado sentimiento de si —que derivan de la unilateralidad y son destruídas por la bilateralidad—.

En suma, el Hombre No 4 u hombre equilibrado, no puede ser unilateral.

Debe ser consciente de todo en si mismo y así nada podrá proyectar.

Si no proyecta cosa alguna a los otros, no podrá identificarse con ellos.

Logrará así una gran libertad.

Estará en camino para llegar a ser un Hombre No 5, 6 y 7 —esto es, estará en camino para llegar a ser un hombre plenamente consciente—.

Reflexionen, pues, todos ustedes, en el hecho que el hombre consciente está construído sobre el hombre equilibrado —no sobre el hombre mecánico— y en la necesidad de llegar a ser conscientes en los opuestos antes de poder alcanzar el estado de hombre equilibrado.

Maurice Nicoll






jueves, 1 de octubre de 2015

EL HOMBRE SE IMAGINA QUE YA SE CONOCE

EL HOMBRE SE IMAGINA QUE YA SE CONOCE
Por: Maurice Nicoll

Con el fin de renovar la fuerza y el sentimiento de este trabajo se ha de regresar siempre a los fundamentos que constituyen su fuente.

La última vez habíamos iniciado nuestra charla con una de las enseñanzas fundamentales en este trabajo —a saber, que este trabajo, en su aplicación práctica, comienza con la observación de sí.

Pero cuando el trabajo dice que es preciso empezar con la observación de si, no hay que dar por sentado que ya se conoce lo que significa la observación de si, con toda la profundidad de su significado.

A veces la gente dice: "Oh, si, en todo ello no hay nada de nuevo para mi.

Siempre me observé a mi mismo".

Y, no obstante, sigue siendo lo que es.

¿Por qué?

Porque se imaginan que ya conocen todo acerca de si mismos y que por eso no tienen necesidad del conocimiento de si.

Todo ello es ilusión, pura imaginación.

Imaginarse que uno se conoce a si mismo es ser esclavo de la poderosa ilusión que mantiene a la humanidad dormida.

Hablemos un momento de la imaginación.

Todos se imaginan que se conocen a si mismos.

Ahora bien, lo que es peculiar a la imaginación descansa en este hecho: que si uno imagina que es algo o tiene algo, ya no lo desea más.

Por ejemplo, si uno imagina que se conoce a si mismo, entonces no tratará de buscar lo que puede reportarle el conocimiento de si.

Por eso no hará un verdadero intento de practicar la observacion de si.

Se aceptará tal como presupone ser e imaginará que ya se conoce a si mismo.

Seguirá comportándose como siempre se comportó, imaginando que lo hace todo conscientemente.

En este caso nunca será capaz de entablar la lucha interior entre el Sí y el No que constituye la base del trabajo práctico sobre si y el origen del cambio de ser.

Ahora bien, es muy difícil discernir una sola cosa sobre sí mismo, y esto se debe a más de una razón.

Por ejemplo, es preciso que todo el movimiento natural de nosotros mismos cambie por completo de rumbo para que podamos observarnos.

En rigor de verdad, miramos a traves de nuestros sentidos externos el aspecto del mundo que ellos registran según sus muy limitados poderes.

Suponemos que ésta escena exterior registrada por los sentidos, llena de gente y de cosas, brillantemente coloreada, es la suma total de lo que llamamos lo real, o lo existente, o, en suma, la realidad.

Pero la realidad no está confinada al reducido alcance de los sentidos ni tampoco está fuera de nosotros, en el teatro de la vida.

Existe la realidad de nuestros pensamientos interiores y sentimientos y deseos y sufrimientos —es decir, hay una realidad todavía más real que la realidad exterior transmitida por los sentidos y que sólo puede ser ahondada por cada uno de nosotros.

La realidad exterior es común a todos nosotros.

Pero a la realidad interior sólo es posible acercarse individualmente.

Esta otra realidad, la realidad interior, a la cual cada persona tiene su propio acceso, descansa invisible dentro de nosotros.

El trabajo se aplica a esta invisible realidad interior en la que moramos psicológica o psíquicamente (esta confusión interior).

La ciencia, vuelta exteriormente, por la vía de los sentidos, trata de conquistar la naturaleza.

El trabajo se refiere a la conquista de si, al dominio de si.

Por eso empieza observando, no la naturaleza exterior, sino uno mismo.

Pero aquí surgen toda clase de dificultades psicológicas y a este respecto todos tenemos una vista muy defectuosa —es decir, la percepción interior que se distingue de la percepción exterior.


Y una de estas dificultades se debe a la imaginación.

Nos imaginamos que nos vemos y nos conocemos íntegramente, y es esto lo que nos impide despertar a la comprensión de lo que significa verdaderamente la observacion de si y de lo que quiere decir empezar a conocerse a si mismo.

Recordemos que el conocimiento de si se consideraba en la más remota antigüedad como el conocimiento más elevado.

Toda la enseñanza esotérica se refiere al conocimiento de si.

Maurice Nicoll




miércoles, 30 de septiembre de 2015

CONCIENCIA DE SI Y CONCIENCIA OBJETIVA

CONCIENCIA DE SI Y CONCIENCIA OBJETIVA

Hay dos estados de conciencia posibles para el hombre, pero sólo le son accesibles después de dura y prolongada lucha.

Estos dos estados superiores de conciencia se llaman "conciencia de si" y "conciencia objetiva”.

Generalmente creemos que poseemos la conciencia de si, es decir, que estamos conscientes de nosotros mismos, o en todo caso que podemos ser conscientes de nosotros mismos en el momento que lo queramos; pero en verdad "la conciencia de sí" es un estado que nos lo atribuimos sin ningún derecho.

La "conciencia objetiva" es un estado del cual no sabemos nada.

La conciencia de si es un estado en el cual el hombre llega a ser objetivo para consigo mismo, y la conciencia objetiva es un estado en el cual entra en contacto con el mundo real, u objetivo, del cual ahora está separado por los sentidos, sueños y estados subjetivos de conciencia.

Se puede hacer otra definición de los cuatro estados de conciencia desde el punto de vista de la posible cognición de la verdad.

En el primer estado de conciencia, es decir, en el sueño, no podemos saber nada de la verdad.

Inclusive si nos llegan algunas percepciones o sentimientos reales, estos se mezclan con los sueños, y en el estado de sueño no podemos distinguir entre los sueños y la realidad.

En el segundo estado de conciencia, es decir en el sueño despierto, sólo podemos conocer la verdad relativa, y es de allí de donde viene el término "conciencia relativa".

En el tercer estado de conciencia, o sea en el estado de conciencia de si, podemos conocer toda la verdad sobre nosotros mismos.

En el cuarto estado de conciencia, es decir en el estado de conciencia objetiva, se supone que somos capaces de conocer toda la verdad sobre todas las cosas; podemos estudiar "las cosas en si mismas", "el mundo tal como es".

Esto está tan lejos de nosotros que ni siquiera podemos pensar sobre ello de manera apropiada, y debemos tratar de comprender que hasta las vislumbres de conciencia objetiva sólo pueden llegar en el estado plenamente desarrollado de conciencia de si.

En el estado de sueño podemos tener vislumbres de conciencia relativa.

En el estado de conciencia relativa podemos tener vislumbres de conciencia de si.

Pero si deseamos tener períodos más prolongados de conciencia de si y no meramente vislumbres, tenemos que comprender que éstos no pueden producirse por si mismos, necesitan acción voluntaria.

Esto quiere decir que la frecuencia y la duración de los momentos de conciencia de si dependen del dominio que uno tenga sobre si mismo.

Quiere decir entonces que la conciencia y la voluntad son casi una sola y misma cosa, o en cualquier caso aspectos de la misma cosa.

Debemos comprender ahora que el primer obstáculo en el camino del desarrollo de la conciencia de si en el hombre es su convicción de que ya la posee, o en cualquier caso, de que la puede tener en el momento en que lo desee.

Es muy difícil persuadir a un hombre de que no está consciente, ni de que tampoco puede ser consciente a voluntad.

Es particularmente muy difícil porque la naturaleza hace aquí una jugarreta muy graciosa.

Si se le pregunta a un hombre si está consciente, o si se le dice que no está consciente, contestará que si lo está, y que es absurdo decir que no lo está, porque lo está oyendo y lo comprende.

Y tendrá toda la razón, aunque al mismo tiempo esté totalmente equivocado.

Esta es la jugada que le hace la naturaleza.

Tendrá razón porque su pregunta o su observación lo habrá vuelto vagamente consciente por un instante.

Un momento después la conciencia desaparecerá.

Pero recordará lo que usted le dijo y lo que él contestó, y por supuesto considerará que está consciente.

¿Qué significa el adquirir la conciencia de si?

En realidad el adquirir la conciencia de si significa un prolongado y duro trabajo.

¿Cómo podría un hombre estar de acuerdo con trabajar asi, si cree que ya posee exactamente lo que se le promete como resultado de un prolongado y duro trabajo?

Naturalmente, un hombre no comenzará este trabajo ni lo considerará necesario, hasta que no llegue a estar CONVENCIDO de que no posee ni conciencia de sí ni todo lo que esté relacionado con ella, es decir, la unidad o individualidad, el "Yo" permanente y la voluntad.

Esto nos trae al asunto de las escuelas, ya que es sólo en escuelas especiales donde se puede dar el desarrollo de la conciencia de si, de la unidad, del "Yo" permanente y de la voluntad.

Esto debe ser comprendido claramente.

Ouspensky



CONSCIENCIA Y VOLUNTAD

CONSCIENCIA Y VOLUNTAD

PREGUNTA

¿Cómo se puede vencer esta inercia?

RESPUESTA

Mediante el esfuerzo: esfuerzo para recordarse, para observar, para no identificarse.

La consciencia es una fuerza, y la fuerza sólo puede desarrollarse venciendo los obstáculos.

En el hombre, pueden desarrollarse dos cosas: la consciencia y la voluntad.

Ambas son fuerzas.

Si el hombre vence a la inconsciencia, poseerá la consciencia; si vence a la mecanicidad, poseerá la voluntad.

Si entiende la naturaleza de los poderes que puede lograr, será claro para él que aquéllos no pueden ser dados; estos poderes deben desarrollarse mediante esfuerzo.

Si nos volviésemos más conscientes tal como somos, seguiríamos siendo máquinas conscientes.

Son necesarios los propios esfuerzos, porque de otro modo, aunque al hombre se lo vuelva consciente, no podrá usar eso.

Está en la naturaleza misma de las cosas que la consciencia y la voluntad no pueden darse.

Si alguien se las pudiera dar, eso no sería un beneficio.

Está es la razón de por qué uno debe comprarlo todo, nada se da gratis.

Lo más difícil es aprender cómo pagar.

Pero si esto pudiese explicarse en pocas palabras, no habría necesidad de ir a la escuela.

Uno tiene que pagar no sólo por la consciencia sino también por todo.

Ni la mínima idea puede convertirse en propia hasta que uno haya pagado por ella.

Ouspensky


EL ESTUDIO DE LA CONSCIENCIA EN EL SENTIDO CORRECTO

EL ESTUDIO DE LA CONSCIENCIA EN EL SENTIDO CORRECTO

No hay necesidad de alegorías ni analogías, pues podemos hablar de hechos concretos si empezamos a estudiar la consciencia en el sentido correcto.

Si volvemos por un momento a la analogía de un aeroplano, ¿cuál es la razón de por qué nuestro aeroplano no puede volar?

Naturalmente, la primera razón es porque no conocemos la máquina, como accionarla ni como ponerla en movimiento.

Y la segunda razón es que, como resultado de ésta ignorancia, la máquina trabaja a muy baja velocidad.

Ouspensky


EL HOMBRE NO ES LO QUE ÉL SUPONE SER

EL HOMBRE NO ES LO QUE ÉL SUPONE SER

Nos atribuimos muchas cualidades que no poseemos.

No estamos conscientes.

Si no estamos conscientes, no podemos tener unidad, no podemos tener individualidad, no podemos tener un Ego o "Yo".

Todas estas cosas las inventó el hombre para mantener la ilusión de la consciencia.
                                           
El hombre puede ser consciente, pero actualmente no lo es.

Debe reconocerse que el hombre vive debajo de su nivel legítimo.

Ouspensky



EL SENTIMIENTO DE UNO MISMO ESTÁ SUJETO A MODIFICACIÓN

EL SENTIMIENTO DE UNO MISMO ESTÁ SUJETO A MODIFICACIÓN

Hemos visto que, para llegar a ser el Hombre Nº 4 u Hombre Equilibrado, la conciencia de si debe acrecentarse como también el desarrollo de los centros.

Hemos visto que, con un acrecentamiento de conciencia de si, el sentimiento de uno mismo está sujeto a modificación.

Es el acostumbrado sentimiento de si lo que contribuye a nuestro desequilibrio.

Estos son puntos muy importantes.

Con el sentimiento de uno mismo que se tiene ahora no puede haber transformación de si, porque, como dije, es el sentimiento de uno mismo lo que nos mantiene en el lugar en donde estamos, hablando psicológicamente.

Es difícil de comprender que esto es así.

Uno no se da muy bien cuenta de la existencia de ese sentimiento de uno mismo y de qué modo esto nos limita.

Ahora bien, un hombre equilibrado posiblemente no tiene el mismo sentimiento de si que tenía anteriormente porque su conciencia de si se ensancho.

Ha perdido su alma en un nivel y la hallo en otro nivel de su ser.

No obstante, NOS AFERRAMOS a nuestro sentimiento de nosotros mismos y por cierto no nos damos cuenta de ello.

Les aconsejo tratar de observarlo tan a menudo como puedan.

Nos ayuda a interrelacionar muchas cosas del Trabajo.

Tomemos un ejemplo, y sigámoslo paso a paso.

Alguien habla y se comporta de una manera que provoca en mí un violento resentimiento.

Le replico con amargura.

Abro un sinnúmero de armarios repletos de amargos recuerdos cuidadosamente conservados.

Sigo y sigo culpando a dicha persona, no puedo dormir, etc.

Esta es la manera de vida.

La manera de Trabajo es diferente.

Primer paso: observo que soy violento y amargo.

Esto es una cosa muy diferente de ser violento y amargo.

Deja penetrar un rayo de luz —esto es, mientras antes era inconsciente, estaba identificado con mi estado, tengo ahora una ligera conciencia de dicho estado—.

Noto asimismo y recuerdo algo de lo que estoy diciendo y digo de costumbre.

Segundo paso: recuerdo que carece de importancia quien tiene la culpa, yo soy el culpable por ser negativo.

Si valoro el Trabajo, este me ayuda a cambiar de frente y buscar la causa en mí mismo y no en dicha persona.

Tercer paso: debo preguntar qué es lo que está relacionado con el acostumbrado sentimiento de mí mismo, aquello que esta tras el estallido.

Reflexiono en esa quietud y relajamiento que sobreviene cuando se presta sinceramente una atención dirigida a si mismo.

Porque la causa está en algo que incluyo en el habitual sentimiento de mí mismo: o está en algo que no incluyo en ese sentimiento de mí mismo.

Ocupémonos del primer caso — a saber, me enfurecí tan violentamente porque algo que incluyo en el sentimiento de mí mismo ha sido herido—.

Reflexiono en lo que se dijo y se hizo.

Decido que se criticó mi eficiencia.

¿Tengo, pues, UN RETRATO de ser eficiente y ésta es una parte componente de mi acostumbrado sentimiento de mí mismo?

No me había dado muy bien cuenta de ello.

Con el correr del tiempo llego a tener cada vez más conciencia de que esto es así.

Hasta ese punto acreciento mi conciencia de las fuentes de mi acostumbrado sentimiento de mí mismo.

Luego mi tarea es clara.

Debo advertir dónde no soy del todo eficiente e incluirlo lentamente en mi sentimiento de mí mismo.

Ahora bien, esto cambiará ligeramente mi sentimiento de mi mismo.

¿Por qué? Porque mi conciencia de mí mismo se acrecentó.

Y me veré también liberado de ser TAN SUSCEPTIBLE en esta dirección, por haber incluido lo opuesto.

Consideremos otra posibilidad, a saber que la causa radica en algo que no incluyo en el habitual sentimiento de mi mismo.

Estará por lo tanto en las tinieblas —esto es, el inconsciente—, lado de mi mismo.

Ahora bien, si esto es así tenderé a proyectarlo a los otros.

Reflexionando descubro que dicha persona siempre me irrita, prescindiendo de si me critica o no.

Hay algo en ella que no puedo soportar.

Aún no estando presente, me molesta.

¿Por qué no puedo descartarla?

Empiezo a sospechar cuál es la razón.

No la puedo descartar porque de algún modo ella es yo.

Pero como puede ocurrir esto, si no la quiero en absoluto y me quiero tanto a mi mismo.

Pues bien, es en verdad extraño, pero la razón estriba en que el amor de si no quiere admitir ésta parte de mí en mi conciencia.

No lo incluiré en mi sentimiento de mi mismo.

La solución es fácil.

Proyecto simplemente ese desagradable lado de mí hacia adelante y lo veo como si fuera otra persona que se le parece mucho.

Así ocurre que las faltas que más nos disgustan en los otros son por lo general las que desplegamos nosotros mismos sin tener conciencia de ellas.

Por cierto parecería como si se hubieran tomado todas las precauciones para impedirnos despertar a lo que somos realmente.

Esta primera etapa en la regeneración, o en el nacer nuevamente, no en la carne sino en el espíritu, es precisamente el despertar a lo que somos realmente, y es tan sólo posible por medio del acrecentamiento de la conciencia de uno mismo.

Pero acercarse a esa primera etapa fue hecho deliberadamente muy difícil.

Hay por doquier pozos, trampas, barreras, muchos mojones y callejones sin salida.

Y además de todo ello, las más extraordinarias ilusiones sobre nosotros mismos nos son inyectadas diariamente desde nuestra primera niñez, con el añadido de muchas persuasiones estúpidas que casi sumergen nuestra percepción de la verdad.

A este respecto, ¿no dirían ustedes que el poder de LA AUTO JUSTIFICACIÓN, tan vigilante e inagotable, no fue designado para ayudar nuestro despertar? (A propósito, ¿por qué los diablos son tan inagotables?)

Retornando a nuestro tema: He llegado hasta el punto de pensar que la causa de mi estallido se relaciona con cosas mucho más profundas que una afrenta a mi RETRATO DE SER EFICIENTE, porque esa persona despierta mi ira de tantas otras maneras.

De hecho, ahora admito que estoy proyectando hacia dicha persona algún lado desagradable de mí mismo que no quise recibir en mi conciencia.

Otros pueden haberlo descubierto, pero no yo: y en verdad nunca fue incluido en mi sentimiento de mi mismo.

Otra vez más mi tarea es clara.

Debo estudiar aquella persona a la luz de que es alguien en mí que ignoro.

En general, ella es el opuesto a lo que está incluido en mi habitual sentimiento de mí mismo: y cabe entender aquí que tal vez posea cualidades cuya necesidad siento mucho.

A medida que la admito en mi conciencia llegará a ser entero, en lugar de ser parcial.

Esto es algo maravilloso.

Y claro está, el sentimiento de mí mismo cambiará por completo.

Hemos de emplear todos los medios, métodos, artificios e invenciones para acrecentar la conciencia de nosotros mismos con el fin de acercamos al nivel del Hombre Equilibrado.

Dije artificios e invenciones deliberadamente.

A veces uno puede sorprenderse a si mismo y otras espiarse.

Esto no es exactamente lo mismo que observarse a si mismo, o más bien, es una forma de prestarse atención, como también de espiarse.

A propósito, prestarse atención nada tiene que ver con criticarse a si mismo; es lo mismo que advertir casualmente un transeúnte en la calle.

Pero en todos los casos se apunta a acrecentar la conciencia de uno mismo, pues cuando esto sucede el sentimiento de uno mismo se modifica, y uno lo sabe y AGRADECE A DIOS.

Ahora bien, recuerden, la razón por la cual se modifica es que incluyen en su conciencia de si cosas que no habían incluido antes y así el anterior sentimiento de si tiene que cambiar.

Ténganlo presente.

Vivimos en una casa con las persianas cerradas.

Un poco de luz penetra en ella.

Esa luz la llamamos plena conciencia: y así nosotros, un montón de imbéciles, que vivimos en una oscuridad casi total, hacemos de nuestra vida un terrible embrollo y no sabemos usar o no usamos correctamente los centros que pueden armonizar con centros que están siempre en actividad.

Como lo señaló una vez Ouspensky: "Vivimos en una casa llena de máquinas muy delicadas y maravillosas.

A la luz de una solitaria candela intentamos hacerlas funcionar sin saber nada acerca de ellas.

Si una cosa anda mal, la culpa siempre es ajena."

No vayan a creer que esas palabras de Ouspensky son exageradas.

Si necesitan una prueba, miren en torno de ustedes —si son incapaces de mirarse a si mismos—.

Ahora bien, abrir las persianas suele lastimar al principio.

Luego se puede soportar algo más de luz y después cada vez más.

Lo que se creía que era uno mismo empieza a parecerse a una prisión situada muy lejos, en el valle que está a nuestros pies.

Maurice Nicoll